Soliloquio

Del latín soliloquiu(m), de hablar (loqui) y solo (solus). El soliloquio es hablar en solitario; una especie de diálogo del personaje consigo mismo. Fue llevado del teatro a la novela y así el personaje habla a solas frente a sus interlocutores imaginarios. Según Robert Humphrey, «el soliloquio difiere básicamente del monólogo interior en que, aunque se trata de un solo hablante, supone, con todo, la existencia de un público convencional e inmediato. Esto a su vez confiere al soliloquio características especiales que le distinguen, aún más claramente, del monólogo interior. La más importante de ellas es su mayor coherencia, puesto que su propósito no es otro que comunicar emociones e ideas relacionadas con un argumento y una acción, mientras que el monólogo interior consiste principalmente en expresar una identidad psíquica».

Es decir que el soliloquio es mucho más un relato de un narrador en primera persona que el monólogo interior o el fluir de la conciencia.

Ejemplo:

...aunque haya tratado de encubrirlo, de callarlo, lo tengo presente, siempre presente; tras de meses de un olvido que no fue olvido -cuando volvía a encontrarme dentro de la tarde aquella, sacudía la cabeza con violencia, para barajar las imágenes, como el niño que ve enredarse varias ideas al cuerpo de sus padres-; tras de muchos días transcurridos es todavía el olor del agua podrida bajo los nardos olvidados en sus vasos de coralina, las lúcelas encendidas por el poniente, que cierran las arcadas de esa larga, demasiado larga, galería de persianas, el colar tejano, el espejo veneciano con sus hondos biseles, y el ruido de caja de música que cae de lo alto, cuando la brisa hace entrechocarse las agujas de cristal que visten la lámpara con flecos de cierzo...

ALEJO CARPENTIER, El acoso

¿Diálogo o soliloquio?

Por último, hay casos en que las fronteras entre ambas formas no están definidas. Por ejemplo, en Tú no te quieres, de Nathalie Sarraute, hay un diálogo entre las voces internas del mismo personaje:

-«Usted no se quiere.» Pero y eso, ¿cómo? ¿Cómo es posible? ¿No se quiere usted? ¿Quién no quiere a quién?

-Tú, naturalmente... era un usted de cortesía, un usted que no se dirigía sino a ti.

-¿A mí? ¿A mi sólo? No a vosotros todos que sois yo... y somos tan numerosos... «una personalidad compleja»... como todas las demás... Entonces, ¿quién debe querer a quién en todo esto?