El diálogo teatral.

El diálogo teatral es también acción hablada. La incidencia del diálogo en una obra teatral es total: sin diálogo no hay teatro, mientras que en la narrativa se puede eludir.

En teatro, el narrador desaparece y los personajes se encargan de dar a conocer, mediante el diálogo, la historia que desea contar. A través del lenguaje hablado en escena se caracterizan los personajes y se ambienta la obra. Es tan importante como la acción.

Otras opciones del diálogo teatral son el soliloquio, que tratamos anteriormente, y el coro.

En el soliloquio el actor, solo en el escenario, expone bien claro y alto sus pensamientos y sentimientos. Fue un recurso habitual en el teatro griego y latino, manteniéndose hasta el barroco y el neoclásico. Aún quedan rastros en el teatro moderno -como en el caso de Equus, de Peter Shaffer- y el cine lo usa con prudencia, como en Sunday, bloody Sunday, de John Schiesinger.

El coro es el conjunto vocal que se expresa con el canto o la declinación. En el teatro clásico era el conjunto de actores que, al lado de los actores principales, representaban al pueblo, narrando y comentando la acción. Se mantiene su uso en el musical, como en la secuencia de Ascot de la película Myfair lady, dirigida por George Cukor.

Mezcla de géneros

Está demostrado que la división entre los géneros no es absoluta ni mucho menos. Así, vemos el diálogo teatral empleado en una novela:

Ella (desconcertada, refiriéndose a otra cosa): El verano contra las buenas costumbres.

Yo: Se ha vuelto loco y gira.

Nos sentamos los dos en apariencia sin intenciones metafísicas a cada lado de la mesa aunque fieles al viejo enloquecido sin péndulo, afónico de campanadas par su cuenta.

Yo (más solemne, sirviéndome en un vaso): Ya un año y pico juntos.

Ella (entiende): Como si se tratara de ayer cuando fui hasta la ventana y dije algo de verano.

Yo: Se va a llamar Sergio, como Prokofiev.

NÉSTOR SÁNCHEZ, Siberia Blues

El diálogo narrativo se diferencia del cinematográfico y del teatral porque el primero está escrito para ser leído y el lector debe imaginar la escena, mientras que los segundos están escritos para ser escenificados, pueden ser reestructurados por un realizador y el espectador los ve directamente en una escena.