Discurso indirecto.

En el diálogo indirecto, el narrador reproduce con sus palabras lo que los personajes dicen o han dicho. Puede resultar más ágil para la lectura al eliminar las pausas entre la narración y el diálogo. Aporta cierto aire de credibilidad y de curiosidad (de cotilleo) que responde a: «me dijeron que», «dijo que», etcétera. Además:

  • Las palabras de los personajes dependen de los verbos dicendi, seguidos de una conjunción subordinante (generalmente que o si).
  • Los tiempos verbales, los pronombres y los adverbios se modifican en su paso del estilo directo al indirecto.
  • No admite raya de diálogo.

En resumen, el narrador introduce lo que dicen los personajes sin marcar con signo alguno sus palabras; en cambio, se ve obligado a utilizar profusamente la conjunción que.

Ejemplo 1:

El narrador reproduce una voz:

El día siguiente transcurrió para ella con una dulzura nueva.

Se hicieron mutuos juramentos. Ella le contó sus tristezas.

Rodolfo la interrumpía con sus besos y ella, contemplándole con los ojos entornados, le rogaba que la llamase una vez más por su nombre y que le repitiese que la amaba.

GUSTAVE FLAUBERT, Madame Bovary

Ejemplo 2:

El narrador reproduce dos voces y usa el presente:

El le dice que ésa es la última pieza que va a tocar la orquesta, que ya es hora de quitarse el antifaz. Ella le dice que no, la noche debe terminar sin que él sepa quién es ella, y sin que ella sepa quién es él. Porque nunca más se volverán a ver, ése ha sido el encuentro perfecto de un baile de carnaval y nada más. El insiste y se saca el antifaz, es divino el tipo, y le repite que ha estado toda su vida esperándola y ahora no la va a dejar escapar.

MANUEL PUIG, El beso de la mujer araña

Ejemplo 3:

El narrador reproduce varias voces y usa el pasado:

Y cuando tuvimos el comedor empapelado, en el lado derecho nos salió una mancha. Hicieron venir al chico que lo había empapelado y él dijo que la culpa no era suya, que la mancha debía de haber salido después. Que era un defecto de la pared que se le había reventado alguna cosa dentro. Y Quimet dijo que aquella mancha ya debía estar allí y que su obligación era haber dicho que había humedad. Mateu dijo que más valdría que fuésemos a ver a los vecinos parque a lo mejor tenían el fregadero en aquel lado y que si lo tenían agujereado estábamos perdidos.

MERCÉ RODOREDA, La plaza del Diamante