Discurso directo.

Discurso directo

Se llama directo porque reproduce directa y literalmente las palabras de los personajes. Formalmente, lo más clásico es que esas palabras vayan precedidas de raya de diálogo e introducidas por verbos dicendi. Las intervenciones de los personajes pueden ir acompañadas de incisos del narrador o sin ellos.

Ejemplo:

No pude evitar una sonrisa. Corso hizo un gesto de asentimiento, invitándome a pronunciar veredicto.

-Sin la menor duda -dije- esto es de Alejandro Dumas, padre. «El vino de Anjou»: capítulo cuarenta y tantos, creo recordar, de Los tres mosqueteros.

-Cuarenta y dos -confirmó Corso-. Capítulo cuarenta y dos.

-¿Es el original?... ¿El auténtico manuscrito de Dumas?

-Para eso estoy aquí. Para que me lo diga.

Encogí un poco los hombros, a fin de eludir una responsabilidad que sonaba excesiva.

-¡Por qué yo?

Era una pregunta estúpida, de las que sólo sirven para ganar tiempo. A Corso debió de parecerle falsa modestia, porque reprimió una mueca de impaciencia.

-Usted es un experto -repuso, algo seco-. Y además de ser el crítico literario más influyente de este país, lo sabe todo sobre novela popular del XIX.

ARTURO PÉREZ-REVERTE, El club Dumas